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Las dos torres se consideran como torres gemelas. La de la
derecha es la famosa Giralda, situada en la ciudad de Sevilla, en España. La
de la izquierda es la no menos famosa Koutoubia, de la ciudad de Marrakech,
en Marruecos.
La Giralda, torre campanario de la catedral de Sevilla, fue
construida en 1184 por los almohades, entonces habitantes de la ciudad
andaluza. Fue el minarete de la mezquita principal de la ciudad y uno de los
edificios más altos del mundo en su época. Posteriormente, en el siglo XVI,
el arquitecto Hernán Ruíz culminó la torre con ese añadido renacentista en
el que se encuentran las campanas y que da a la construcción su aspecto tan
característico.
La Koutoubia, torre de la mezquita principal de Marrakech,
es un poco anterior, pero corresponde al reinado del mismo monarca almohade.
Fue edificada en 1158 por el Sultán Abdelmoumen y acabada en 1199 por el
hijo del Sultán, Yakoub al-Mansour con la construcción de su celebre
minarete.
Estas torres no son las únicas que son similares. También la
torre Hassan, de Rabat (norte de Marruecos) es muy parecida. Se debe también
al mismo califa, aunque en este caso la muerte del rey hizo que la
construcción se detuviese cuando la torre alcanzaba sólo 44 metros.
Dejando aparte las diferencias evidentes, debidas sobre todo
a la acción del arquitecto renacentista de la Giralda, todas estas torres
muestran importantes semejanzas. Nos recuerdan la proximidad cultural entre
ambos países, unidos en el pasado por un califato común. Nos recuerdan
también que la población de la península ibérica procede de numerosos
pueblos. Se trata de un lugar objeto de numerosas conquistas y la herencia
de sus habitantes es muy variada y valiosa. La sangre que corre por nuestras
venas es de muchos orígenes. Ello nos debería hacer pensar un poco... en
realidad, y hablando de todo el género humano, lo que nos une es mucho más
que lo que nos separa. Una importante lección que todos deberíamos
aprender.
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